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CRÓNICA XXIV EDICIÓN MARCHA MTB MENDIBIKE DE GÓRLIZ

Eran las 8:30 de la mañana, cuando entre la niebla que cubría la localidad vizcaína de Górliz, se comenzaba a escuchar la megafonía que anunciaba la XXIV edición de la marcha Mtb Mendibike 2015. Mientras cientos de aficionados a la bicicleta de montaña ya calentaban por los aledaños de las instalaciones deportivas donde tendría lugar la salida de la prueba, los últimos rezagados, venidos desde diversas localidades de la geografía vasca, aparcaban sus vehículos en las zonas habilitadas por la organización. Tras recoger el dorsal sin apenas tener que esperar, los alrededor de cuatrocientos ciclistas nos dispusimos a calentar por la pistas de atletismo al son de los éxitos musicales más veraniegos.




A las 9:08, después de realizar un pequeño paseo por las calles del pueblo, una rotonda fue la excusa perfecta para que los más ansiosos de la prueba adelantarán al coche de la policía municipal, obligando a la organización a dar inicio a la marcha oficialmente. En un arranque caótico por el paseo de la playa, la marcha comenzó con una velocidad frenética. Mientras que los viandantes se refugiaban detrás de las farolas para no ser atropellados, el pelotón esquivaba peligrosos bolardos que se encontraba a su paso.

Estos metros serían los únicos llanos de toda la jornada, ya que al llegar al hospital la marcha tomaría un giro a la izquierda dirección el faro. Esta subida de buen firme fue ideal para los más fuertes del pelotón, quienes hicieron hueco y evitaron aglomeraciones en las entradas a los senderos.


Tras una subida relativamente cómoda, lo peor de este primer puerto de la jornada estaría en el descenso. Con continuos escalones de pizarra y mucha piedra suelta, la bajada hasta el barrio de Saratxaga fue un tramo de continuos pinchazos.

Sin apenas darnos cuenta, un segundo puerto con una subida explosiva y técnica, nos llevaría hasta el Club Hípico, donde nuevamente enlazaríamos otra dura pendiente. A pesar de que la víspera a la prueba no había llovido, el terreno se encontraba húmedo de las lluvias de la semana, y esto ayudó a que algunos de los participantes marcháramos con unos cuantos rasguños a casa.

Después de un descenso rápido con un cómodo tramo de carretera, los cientos de ciclistas que optamos por el recorrido largo de 42 kilómetros nos dispusimos a afrontar la subida a la punta de Jata. Con un cartel que nos alertaba de los 7 kilómetros de subida continuada que tenía el puerto, los participantes bajamos revoluciones y cogimos una velocidad crucero adecuada a la capacidad física de cada uno. Hubo quienes decidimos hacer la ascensión en grupo y quienes la decidieron hacer de forma individual. Metro a metro, el cuentakilómetros corría lentamente hacia adelante, y éramos muchos los que con la lengua fuera, poníamos en duda el correcto funcionamiento del aparato. En el sexto kilómetro de ascensión el cansancio se comenzaba a sentir en las piernas, pero los ánimos de los montañeros que transitaban por la zona nos alentaban informándonos de la cercanía del avituallamiento.

Justo antes de encarar los últimos metros del pico, se situaba el primer avituallamiento sólido y líquido de la jornada. En él, un exquisito pastel de arroz junto a unas gominolas y una piña colada nos repondrían las fuerzas necesarias para llegar hasta el buzón desde el cual divisaríamos toda la costa de Uribe. Con un tramo en el que era imposible pedalear, los ciclistas bicicleta al hombro, coronamos este pico de Jata. Una vez en el punto más alto de la marcha, continuaríamos con un descenso muy técnico que volvería a pasar por el avituallamiento. Tras rellenar los bidones, nos introduciríamos en un bosque de eucaliptos para rodar por un tramo de respiro, el cual que nos llevaría hasta Urizarmendi.

Dispersos de forma individual, pero con un agradable sol, entraríamos ya en el último tercio de la carrera. Después de una subida que pondría a prueba los entrenamientos realizados para la participación en esta jornada ciclista, realizaríamos una rápida bajada hasta Armintza. Allí, entre diferentes opiniones sobre la dureza de la prueba, el último avituallamiento nos recargaría de energía para llegar hasta la meta. Entre los comentarios de los más veteranos que auguraban la dureza de este último tramo, nos dispusimos a salir de la localidad portuaria de Armintza.

Por unos y senderos muy transitados por familias y encajando la rueda por estrechos pasos de riachuelos, bordeamos la costa para visualizar la bahía de Plentzia desde la altitud. No sin antes tropezar y caer en las zarzas, los ciclistas que logramos llegar sanos y salvos al kilómetro 39, nos adentraríamos en la parte más bonita de la prueba. Con un recorrido descendiente que transitaba por estrechos senderos esquivando troncos y ramas, bajaríamos hasta el complejo deportivo de Gorliz.

Entre los aplausos de los más pequeños que ya habían finalizado su particular Mendibike, y los saludos de los familiares que disfrutaban de un agradable txakolí de la zona, el placer al cruzar el arco de meta era inmenso. Una vez entregado el dorsal, y comprobado el número del sorteo del material, cada participante recibimos nuestro obsequio de recuerdo de la prueba junto a un sabroso pincho de tortilla.

Como puntos negativos, hay que destacar la imposibilidad de transitar sobre la bicicleta en muchos tramos, y la dureza del recorrido, las cuales hacen que el disfrute de la prueba de 42 kilómetros esté orientada a un perfil de ciclista muy preparado. A pesar de ello, tanto el ambiente que se genera alrededor de la marcha, con el circuito para los pequeños y junior, la ginkana, sorteos… y las vistas que se pueden disfrutar durante el recorrido son espectaculares, por lo que invito a que todo aquel que todavía no haya participado en la Mendibike, a que lo haga en la XXV edición, poniendo a prueba esta humilde opinión.

http://www.mendibike.net/martxa-mountain-bike-mendibike-gorliz-2015


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