Ruta desde Lloret de Mar al Puig del Montgròs: una ascensión breve, directa y con sabor mediterráneo


Hay rutas que empiezan despacio, como si el paisaje quisiera darnos tiempo para despertar. Lloret de Mar queda atrás con la suavidad de una caricia: avenidas amplias, turista, muchos turistas, el rumor del tráfico, el olor salino que llega desde el Mediterráneo aunque aún no lo veamos. Los primeros kilómetros engañan. El terreno llanea, la bicicleta rueda ligera, y uno podría pensar que el día será amable. Pero la montaña, siempre paciente, espera su momento.

Al dejar la ciudad entre un denso trafico de turistas y avanzar por la C‑63, la ruta parece una invitación tranquila por suerte por los laterales de la carretera encontramos pequeños senderos y carriles bici para evitar el trafico. La ermita de Les Alegries aparece como un pequeño guardián de piedra, testigo de siglos y de pedaladas. Allí, tras pasar al lado de la gasolinera y ascender por una carretera que va al vertedero contrafico de camiones, la pista se abre hacia la izquierda y el camino cambia de tono: el asfalto se disuelve en tierra, el firme se vuelve cálido, y el silencio empieza a ganar terreno.

Hasta el kilómetro cinco todo es transición. El bosque respira, la luz se filtra entre las copas, y el ciclista siente que algo está a punto de empezar.


⛰️ La montaña despierta; El ascenso al Montgròs no necesita presentaciones. Se anuncia con una pendiente que se inclina sin pedir permiso, como si la tierra recordara de golpe que es montaña. Cinco kilómetros de subida continua, firme, honesta. El GR‑92 guía los primeros pasos, serpenteando entre sombras y claros, hasta coronar La Palomera, ese pequeño puerto de 147 metros que actúa como antesala del desafío real.

Aquí el camino se bifurca. Dejamos el GR y tomamos la pista de la izquierda, una línea de tierra que apunta directamente al cielo. El ascenso final es breve pero intenso, y cuando por fin se alcanza el puerto del Montgròs, en el kilómetro 7,6, solo quedan unos metros de desnivel para tocar la cima.
El Puig del Montgròs, con sus 314 metros, no es una montaña altiva. Es una montaña cercana, de esas que se dejan querer. Pero desde arriba, el mundo cambia.

🌅 La recompensa: La panorámica se abre como un libro recién desplegado: Lloret de Mar extendida a los pies, el Mediterráneo brillando como una lámina de plata, las montañas que rodean la ciudad formando un abrazo mineral. El viento sopla distinto en las cumbres pequeñas; tiene algo de confidencia, de secreto compartido. Es un lugar para detenerse. Para respirar. Para recordar por qué pedaleamos.


🔽 El descenso: velocidad y arena: La bajada es rápida, juguetona, con pistas en buen estado que invitan a dejarse llevar. Pero el terreno arenoso, traicionero cuando está seco, obliga a mantener la atención. La bicicleta flota, la frenada se alarga, y el ciclista debe negociar cada curva con precisión.

Un pequeño sendero, escondido a la izquierda de unas colmenas, actúa como pasadizo final hacia la pista principal. Desde allí, Lloret reaparece, cercana, cotidiana, como si la montaña hubiera sido solo un paréntesis luminoso.


🕍 Ecos del pasado: La ruta guarda también un pedazo de historia. La Ermita de Les Alegries, primera parroquia de Lloret, conserva en sus muros románicos el eco de un tiempo en que el mar llegaba hasta sus puertas. Sus frescos, su campanario, su silencio antiguo acompañan la salida y el regreso, como un recordatorio de que cada pedalada atraviesa también el tiempo.


🚴‍♂️ Una ruta breve, una sensación duradera; No es una ruta larga. No es una ruta técnica. Pero es una ruta que deja huella. Un ascenso directo, un mirador inesperado, un descenso veloz y un regreso tranquilo. Un pequeño viaje que cabe en una mañana, pero que se queda en la memoria mucho más tiempo.

🔽 Datos de la ruta

Distancia  17,3 km
Tipo de ruta Circular
Desnivel positivo 281 m (315 nos marco realmente)
Altitud máxima 335 m
Altitud mínima 9 m
Dificultad Moderado
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